Una semana con Caetano

En esta época del año con el otoño disfrazado de invierno, dependiendo de los gustos la gente suele tener una de estas dos costumbres: a) escuchar villancicos, del género y procedencia que sea; b) hacer balance propio del año, amén de empezar a leer resúmenes que nos recuerdan parte de lo que ya nos ha gustado, a la par que nos descubren hitos que pasaron inadvertidos en la vorágine musical nuestra de cada día. Yo suelo ser de los segundos.

Caetano en 1967: en la cima de sí mismo.

Caetano, 1967: en la cima de sí mismo.

Sin embargo llevo una semana escuchando exclusiva y compulsivamente a Caetano Veloso, quizá el músico más importante que haya nacido en Brasil, un lugar precisamente no exento de figuras de primer nivel: Jobim, Gilberto Gil, Os Mutantes o Toquinho pueden presumir de músculo y carrera, de buen hacer prolongado y prestigio merecido. Pero Caetano es otra cosa. Caetano es todo. Por separado y al mismo tiempo.

Cremita.

Cremita.

La culpa de mi obsesión actual, además del propio talento de Veloso, es la compra la semana pasada de “67-74“, caja de 11 cds pertenecientes a ese prolífico periodo. En ella encontramos sus cinco primeros álbumes de estudio, dos discos compartidos, tres directos y un cd extra de rarezas. Los discos en solitario tienen todos un nivel espectacular, y eso sin apenas continuidad estilística, lo que le confiere más mérito. El genio de Salvador de Bahía se encuentra desbordante y excesivo en ese revolucionado final de década y pica de forma inquieta en bossa, rock, canción de autor, folk, psicodelia y hasta tango o salsa, para mezclarlo todo y servir la copa aún caliente.

Entre los discos compartidos, destaca “Tropicalia“, piedra filosofal de buena parte de la música latinoamericana posterior, donde junto a los también nordestinos Gilberto Gil, Os Mutantes y Gal Costa imparte una clase magistral de ritmo, psicodelia y elegancia. Los álbumes registrados en directo son el pequeño talón de Aquiles del cofre, pero el disco de rarezas lo compensa gracias a imprescindibles versiones de temas como Baby É proibido proibir, así como grabaciones iniciáticas donde vemos facetas distintas pero no peores del músico bahiano.

Y es que en este box-set están todos los Caetanos posibles. El renovador de la bossa, el trovador tradicional, el rabioso exiliado, el experimentador incansable, el rockero rebelde, el individual y el colectivo, el del estudio y el de las tablas, el compositor y el intérprete. Las mil caras de un artista imprescindible donde predomina siempre el sentimiento por encima de melodía, letra, ritmo o producción. Como en la exhuberante Tropicalia, el mejor ejemplo de todo lo que digo en este post. Una semana entera. Y camino de la segunda.

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Una respuesta a Una semana con Caetano

  1. Pep-Elu dijo:

    Corne, lo que da gusto de tu blog es la enorme pluralidad de géneros que tratas y con qué respeto lo haces. Lou Reed, Dylan, Caetano… si no fuera porque en medio se han colado Arcade Fire y la referencia a LCD Soundsystem uno diría que éste es un blog musical vintage.
    Y para aportar mi granito de arena retro, yo apuesto en Navidad por José Feliciano. Sin duda, su “Feliz Navidad” sonará a todo trapo en mi casa. Y más aún, “¿Qué será?”. Ya lo oigo: “Pueblo mío, que estás en la colina, tendido como un viejo que se muere; la pena, el abandono son tu triste compañía. Pueblo mío te dejo sin alegría” ¡AAAAAAHHHHHHH, qué melancolía!

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