Con un pie en el espacio y otro en la Guerra Fría

sonar2006_wifiblanesA pesar de ser un género que me gusta bastante apenas hablo de música electrónica en el blog. Cuestión de intentar centrar un poco el tema y no dispersarme todavía más, supongo, pero como de vez en cuando hay que hablar de todo, para hacerlo sobre la música hecha de bits no hay mejor momento que ahora, cuando restan menos de dos semanas para que comience el Sónar, la cita más relevante a nivel mundial centrada en este amplio género. Sólo por la calidad y valentía de su grafismo cada año se merecían un post los chicos del Sónar, y si encima traen a Kraftwerk, los inventores de todo esto, más justificado aún.

Igual que en cierto modo el propio festival, el papel de la música electrónica y los djs ha ido evolucionando con los años: de ser bandera de la vanguardia de tendencias ha pasado a ser masivamente simplificado en casi todas sus vertientes, salvando determinados terrenos de culto. Lo que comenzó casi como música de ingenieros se convirtió en sinónimo de baile y fiesta para una generación hasta llegar a la situación actual, en la que es difícil definir quién es un artista electrónico y quién no lo es. Cómo diría Prince, el signo de los tiempos, que todo lo desvirtúa y/o envilece.

Con este panorama, si hay un evento que pueda aglutinar todas las facetas pasadas y presentes de la electrónica es el Sónar, por tradición y leyenda. Celebrando su vigésimo aniversario, el cartel que han preparado quizá no sea el mejor de su historia, pero no desmerece en absoluto, manteniendo su prestigio sin perder un ápice del sentido de celebración que finalmente busca. Con unos pocos grandes nombres para vender entradas a espuertas y muchas delicatessen para los paladares más exigentes, en el primer grupo encontramos a los citados Kraftwerk, Pet Shop Boys o Two Door Cinema Club dejando para los más sibaritas nombres como Chromatics, Liars, Diplo o 2manydjs, dentro de un festín de propuestas de todo pelaje -si algún aficionado pureta de la electrónica lee esta selección que hago me cuelga de un pino, por cierto-. Las fechas, del 13 al 16 de junio; el lugar, Barcelona.

Kraftwerk, la inquietante sonrisa del genio.

Kraftwerk, la inquietante sonrisa de los genios.

Sólo por ver a Kraftwerk (léase Kraftvegk) uno ya tiene excusa para pagar la entrada. ¿Qué nos ofrecerán  los alemanes con 43 años de carrera a sus espaldas? Pues un espectáculo titulado 3-D donde acompañan con imágenes en ídem sus hitazos de siempre. Y cuando hablamos de hitazos y hablamos de Kraftwerk en la misma frase no hablamos de medianías. La banda robótica de Ralf Hütter y Florian Schneider cuenta con al menos cuatro clásicos absolutos que traspasan la frontera de los estilos y los gustos a través de la más pura música electrónica: “Autobahn”, “Radio-Activity”, “Trans-Europe Express” y “The Man-Machine” (editados del tirón entre 1974 y 1978). Sus canciones se sustentan en unos pilares de bucles imposibles, tejidos con melodías infecciosas y frases cortas, lanzadas sistemáticamente de un modo hermético, lejanísimo, esquivo, frío como el futuro que parecen querer anticipar. Escuchar a día de hoy estas maravillas y pensar en el tiempo que hace que fueron editadas revaloriza aún más a los de Düsseldorf porque, inimitables pero perseguidos hasta la saciedad por artistas de todo tipo, Kartwerk son unos de esos pocos grupos de quien se puede afirmar que, sin ellos, todo un género no hubiera sido el mismo. Quién sabe, incluso, si existiría como tal.

Es difícil elegir una canción así que os cuelo dos por el precio de una. Valen tanto la pena que no puedo decidirme. Trans-Europe Express es mi favorita y da título al que es su mejor álbum, un caramelo envenenado con compás trotón pero sofisticado que va creciendo en intensidad entre raíles, en la que todo es necesario y nada sobra para crear y mascar esa atmósfera viciada, finalmente opresiva que se funde en negro tras casi siete minutos de duración.

Radioactivity por su parte es igual de zalamera y seductora, pero sin llegar a las manos. Igualmente ambiciosa e inspirada, esta cristalina letanía nos mece mientras nos conduce lentamente camino a la desesperanza que transmite desde el título esta banda con un pie en el espacio que soñó Arthur C. Clarke y pintó Kubrick, y otro en la Guerra Fría.

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2 respuestas a Con un pie en el espacio y otro en la Guerra Fría

  1. Pep-ELU dijo:

    Pues a mí no me ha fascinado… los inicios sí, pero se me hace largo, monótono. Soy más de los Pet Shop Boys, me encanta ese tipo de música electrónica (y de mis perversiones con el dance mejor no hablo, salvo mi fascinación por el jazz-jungle: un ejemplo es

    Por cierto, hablando de temas electrónicos, ¿qué te parece el regreso de Nine Inch Nails?

    Nabrazo, Corne!

  2. educornejo dijo:

    Los Nine Inch Nails me han gustado desde la adolescencia y han mantenido casi siempre la dignidad. No entendí que se “separaran” y ahora mismo no espero nada de ellos así que bienvenido será lo que hagan. Un poco como me pasó con Suede, que escuché el último disco esperando una castaña y sin embargo está muy bien.
    Los Pet Shop Boys sí que lo tenían que haber dejado hace tiempo, porque llevan viviendo de hits antiguos más años que lo que duró su periodo de gloria… Eso sí, con su directo te lo pasa pipa!!

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