My Bloody Valentine y los aeropuertos

My Bloody Valentine: mirando desde arriba

My Bloody Valentine: mirando desde arriba

Escuchar a My Bloody Valentine en un aeropuerto no es buena idea. Uno no para de mirar al techo o por las ventanas pensando que un avión se le viene encima. Eso es el resumen de escuchar (con buen volumen) su nuevo disco, “m b v”. Bueno, el nuevo o cualquiera: su obra no entiende de acotaciones temporales.

Comencemos por el principio. My Bloody Valentine o lo que es lo mismo, Kevin Shields y tres más, construyeron un discurso propio durante la década de los 80. Nada de hombreras ni música disco. Lo suyo era distorsión y melodía, ruido y voces más soterradas que la M-30 bajo un mantra inasible que consigue hacerte vibrar de forma virtual en elepé y cuando lo escuchas en directo te hace vibrar de forma literal. Sus discos de, llamémoslo, primera etapa fueron influyentes, novedosos, rompedores, imitados… pero nunca igualados.

Crearon escuela, inventaron el shoegaze, pero nadie sonó o suena (ni sonará) como ellos. Sus discos son islas dentro del mundo discográfico y el centro del archipiélago es “Loveless”, obra excelsa y cumbre inalcanzable hasta para el propio Shields. Perfeccionista y obsesivo, la propia sombra que proyecta este abrasivo a la vez que dulce álbum casi termina con su salud mental y fagocita su carrera, aunque por suerte se ha quedado en eso, en un casi.

Tras varios lustros parado con actividad ocasional bajo su propio nombre (b.s.o. de Lost in traslation, algunas remezclas y poco más…), la vuelta a la actividad de My Bloody Valentine se produjo en 2008 aunque se limitó a un retorno a los escenarios. Entonces, el propio Shields comentaba que nunca había dejado de trabajar en la continuación de “Loveless” y aunque todos lo consideramos una boutade, resulta que iba en serio. Cinco anos y unos cuantos conciertos más tarde (memorable su doble paso por el primavera sound 2009, sobre todo en el auditori), ahora podemos deleitarnos con su nuevo y autoeditado álbum, titulado con un críptico: m b v.

MBVEscuchando este disco en el aeropuerto tienes una sensación; si lo escuchas en casa, otra distinta; en el coche suena peor, porque suena menos. Y así ad infitum… La verdad, no se puede juzgar “m b v” a la ligera y menos aún compararlo con nada. Es como es, y punto. Lo tomas o lo dejas. Si no eres un iniciado es difícil que te enganche, pero tampoco podría razonar el porqué. La única tabla de medir sería la propia obra anterior del grupo pero como si caemos en esa trampa pensaremos que el disco es una mierda, como dice un buen amigo al compararlo con “Loveless”, pero no olvidemos que cualquier gol de Zidane languidece frente al que marcó en la final de Glasgow y, ¿eso hace que no hubiera más golazos en su carrera? Pues no. Y por eso a mí, me parece un discazo de tomo y lomo, intenso y arriesgado siendo conservador y continuista, netamente inferior a “Loveless” pero francamente seductor y adictivo. Han vuelto y lo han hecho siendo ellos mismo. Con eso basta.

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Una respuesta a My Bloody Valentine y los aeropuertos

  1. Jose dijo:

    Muy bueno!

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