El fundido a negro de La Bien Querida

La Bien Querida: fundido a negro.

La Bien Querida: en la oscuridad.

Tras la trayectoria cum laude que llevaba La Bien Querida hasta la fecha, esta semana ha publicado “Ceremonia“, su tercer álbum, un disco inasible de primeras, extraño, nada acogedor, donde encontramos trazas de Kraftwerk, New Order, Dinarama, Blondie o los últimos Planetas -si La Veleta se incluyera como bonus track no haría falta tocar nada para que encajase-. Así, dónde antes había guitarras, arreglos de cuerda y pomposidad pop ahora encontramos sintetizadores, oscuridad y tensión. Sí, suena raro hablar así sobre el proyecto de Ana Fernández Villaverde, pero es que todo en “Ceremonia” suena raro frente a “Romancero” (2009) y “Fiesta” (2011), sus dos primeras referencias.

El arranque con Arenas movedizas te pone en situación (y en guardia: touché) y es sencillamente arrollador, una de las canciones del año. Un tema opresivo pero pleno de energía fundida a negro que no dista mucho del sonido de Third de Portishead, con una letra que marca el tono del resto del álbum: las cosas no están bien. La dulzura ha terminado y ahora se muestra mucho más dura y desencantada, con el amor como tema omnipresente en los textos -como siempre-, pero abordado desde el precipicio de la ruptura, sea esta inminente o reciente. “Hoy quiero pedirte perdón porque no he estado a la altura” canta en Carnaval o “Si la pena matara, ya me hubiera muerto yo” en Los Picos de Europa. Ni rastro de optimismo.

El posible rompepistas A veces ni eso abre un poco el cielo a mitad del minutaje, y es el único tema donde la guitarra tiene un papel más o menos importante. A la sombra de Temptation de New Order, quiere sonar retro sin disimulo y lo consigue disparando sus influencias a bocajarro, con una letra en bucle al más puro estilo kraut alemán. Ya en su álbum de debut, encontrábamos una pista en 9.6, bailable y electrónica, preludio colorista de lo que estaba por venir y buena muestra de la labor del genial David Rodríguez a la producción. A prácticamente todos los efectos, en La Bien Querida es tan importante la labor del que fuera líder de Beef como el trabajo de la propia Ana. Ella compone y canta; él ejecuta esas ideas y las enriquece, con una versatilidad y una valentía poco comunes en las producciones españolas, construyendo un repertorio que suena moderno y clásico, original y reconocible.

Así las cosas, el disco funciona. Por primera vez en su discografía exhibe coherencia estilística en la producción lo que le otorga casi rango de disco conceptual. Sus primeros dos álbumes no tenían ningún tipo de continuidad, no ya entre ellos, sino entre las canciones que componían cada uno. Al finalizar cada tema no sabías que iba a venir después, mientras en este tercer disco sí existe una linealidad -ayuda la casi absoluta falta de colaboraciones- que le confiere un tono más unifore y, por qué no decirlo, predecible: el eclecticismo de antaño era una de sus mejores bazas. Con todo, “Ceremonia” es un muy buen disco que gana con las escuchas, con el que vale la pena insistir y superar las reticencias iniciales que puede provocarnos a quienes nos gustaba tanto lo que hacía antes.

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