Vídeos porque sí: Blur

El permanente destello de la naranja mecánica del pop.

El permanente destello de la naranja mecánica del pop.

Siempre es un buen día para escuchar a Blur, sin más, porque apetece, pero si encima tocan en el Primavera Sound mejor que mejor. La verdad es que este año apenas he hecho previa sobre el festival en el blog pero tiene un cartel que quita el hipo (para variar): My Bloody Valentine, The Postal Service, Jesus and Mary Chain, Nick Cave, Tame Impala… En fin, una maravilla que a estas alturas no os voy a descubrir.

Por eso, como tampoco os voy a descubrir a Blur pero sí que querréis escucharlos, ahí van el mítico “Song 2″de los londinenses y como contrapunto uno de sus singles más olvidados -y no por ello menos genial, “Out of time”. Larga vida a Blur y al Primavera.

Publicado en Festivales, Música, Vídeos porque sí | 1 comentario

New York City Cops

Nota del traductor: he puesto el título por la canción de los Strokes pero por nada más, esto no va de Policías. Pero sí que tengo un amigo que dice que New York es lo más, como cuando los jueves eran los nuevos viernes y los viernes seguían siendo viernes y como quien tiene un amigo tiene un tesoro, vamos a hacer F5 al estatus musical de la gran manzana con dos bandas de aquellos lares, los vigorosos Vampire Weekend y los endebles !!!. Unos eran lo más hace unos años y otros son la leche en 2013, y eso es mucho en ambos casos.

Vampire Weekend, gente guapa en Nueva York

Vampire Weekend, gente guapa en    Nueva York.

Vampire Weekend, con sólo dos álbumes editados hasta ahora -y un tercero que está entrando en las tiendas- son el epítome de lo cool, del molón glamour decadente del pijismo neoyorkino. Una historia de triunfo prematuro, merecido y sobre todo una lección sobre mantener el tipo y no perder la cabeza en la cresta de la ola -al menos en lo musical-. Estos veintañeros con pinta de universitarios recién afeitados destilan el pop más refinado y pulcro que podamos escuchar pero no renuncian a la urgencia cuando es necesaria, ni a la tensión cuando se les antoja. Básicos a veces, experimentales a ratos, acertados siempre y estimulantes a más no poder, han acercado de nuevo la música de raíz africana al pop anglosajón -tiran del Paul Simon de Graceland sin disimulo ni vergüenza, sino por derecho- y lo completan con una estética muy definida y bastante chula tanto en artworks como en vestuario. Y les ha salido la jugada redonda: favor de la crítica, ventas sustanciales y sold-outs por doquier. Es el momento de confirmar esas buenas maneras y demostrar que van en serio. Para ello publican “Modern Vampires of the City” del que, de momento, Ya hey es un grandísimo single que preludia uno de los discos grandes de la temporada. El otro adelanto, Step, también promete mucho, mucho.

!!!, haciendo el indio.

!!!, haciendo el indio.

Por otro lado, el dark side of the road, están !!!, esa banda que revolucionó el panorama indie hace casi una década sin haber inventado la rueda pero aprovechando el momento y ofreciendo unos conciertos espectaculares durante casi un lustro. Pocos estaban a la altura de Nic Offer y los suyos sobre las tablas hace apenas cinco años. Tuvieron hits para repartir y con eso y actitud, vale. Lograron convertir en cool algo que no lo era, y eso también tiene mérito -minishorts del Mundial 82 incluidos-.

El quid de la cuestión es que reinventaron el post-punk bailable, sobre todo con el soberbio y rompepistas “Louden Up Now” (2004), al que precedió el deslumbrante y alabado ep “Me And Giuliani Down By The School Yard (A True Story)”. A partir de ahí fueron perdiendo fuelle por repetición y problemas internos varios. Ahora sacan nuevo disco y, de primeras, el título mola bastante: “Thr!!!ller“. A ver qué tal lo demás, aunque no espero mucho escuchando Slyd, el single de adelanto: más de lo mismo pero peor. Lo bueno es que a pesar de la caída de !!! -y del retiro de LCD Soundsystem-, Nueva York siempre resurge y nunca pierde la compostura, esperando el momento para volver, esta vez con el nombre de Vampire Weekend.

Publicado en Música, Uncategorized | 2 comentarios

El menos es más de Devendra Banhart

En “Don´t look back“, el documental de D.A. Pennebaker sobre la gira inglesa de Dylan del 66, hay una escena que nos muestra el lado más ingenioso a la par que cruel del amigo Bob. Más o menos transcurre así: una fan quinceañera logra captar la atención del ídolo en la puerta de su hotel de Liverpool y le recrimina el rumbo que han tomado sus grabaciones y conciertos -recordemos que Dylan acababa de romper con la escena folk y su nuevo sonido played fucking loud dividió a sus seguidores, indignando a muchos de ellos-. Al escuchar a la chica, Dylan, en un arranque de ironia y soberbia, le contesta que tiene que dar de comer a sus amigos, que están bajo su responsabilidad y llama egoísta a la muchacha quien, con su mirada entre lágrimas, esculpe el significado de la palabra decepción mejor de lo que lo haría un diccionario.

El antes de Devendra Banhart.

El antes de Devendra Banhart.

Puede que fuera esta anécdota de su idolatrado Dylan  (que antes de escribirla parecía más corta) lo que se le pasó por la cabeza a Devendra Banhart hace unos años, aunque en su caso no fue una buena idea dar de comer a sus amigos y en vez de dar paso a una genialidad como “Bringing it all back home” (1965) nos dejó “What will we be” (2009), el álbum más vacío y desacertado en la carrera del barbudo trovador tejano. Y es que en el caso de Devendra menos es más y cuanto más se acerca al folk minimalista, psicodélico a ratos pero alucinado siempre con el que nos deleitaba en sus comienzos, mejor para todos -salvo para sus amigos, supongo-. Por suerte el chico parece que ha recapacitado y después del parón más largo en su trayectoria ha tirado de back to basics entregando el desnudo -desde el título- “Mala” (2013).

Contra todo pronóstico nos encontramos ante una obra mayor, una de esas joyitas que de vez en cuando -cada vez más de vez en cuando- te engancha y te atrapa, te hace sentir que nadie más que tú está escuchando ese disco en el mundo, que Devendra está susurrando sólo para ti. El mismo tipo que nos atrapó con “Rejoicing in the hands” y “Niño Rojo” (ambos de 2004), nos explotó en la cara con “Cripple crow” (2005) y nos entretuvo con “Smokey rolls down thunder canyon” (2007) antes de despeñarse con el mencionado “What will we be”. El mismo tipo con esa extraña habilidad para hacerte reír y conmoverte en un intervalo de apenas dos minutos. Porque Banhart tiene también esa otra faceta, la del cantante chiflado que con su castellano infantil y juguetón aprendido en su estancia venezolana te descoloca con sus historias surrealistas y pasadas de rosca -Santa María Da Feira, Samba vexillographica-. Porque el personaje de Devendra daría para un post el solito, pero no nos enredemos y sigamos con la música.

Y el después. El algodón no engaña...

Y el después. El algodón no engaña…

Estamos ante una obra mayor porque “Mala” se desliza, fluye, atrae, hipnotiza y seduce, te va ganando poco a poco, impregnándose en tu piel, pasando luego a la cabeza y acabando en el pecho. Es delicioso, sencillo, sincero, sutil, sofisticado, una pequeña maravilla que viste por igual en una tarde lluviosa de primavera que en un día soleado de verano. Las contadas salidas de tono que tiene -Your fine petting duck o Cristobal Risquez- encajan en el discurso global y dan el necesario contrapunto a una colección de 14 canciones que se termina haciendo corta, aunque no te canses de escucharla.

Por no extenderme más -supongo que tendréis cosas que hacer- os dejo con la miniatura que lo abre, Golden Girls, en acústico y riguroso directo.

Y por el mismo precio, el surrealista video de Carmensita, lo más parecido a un hit que ha tenido Devendra publicidad mediante, donde aparece Natalie Portman, su novia de entonces. Ya os decía que el personaje tiene tela. Razón: ver vídeo.

Publicado en Fondo de armario, Música, Uncategorized | 1 comentario

Vídeos porque sí: Lemonheads

Evan Dando, el guaperas de los noventa.

Evan Dando, el guaperas de los noventa.

Hoy inauguramos sección en el blog y se llama (redoble de tambores) “Vídeos porque sí” (oé), porque hay días que te levantas y te apetece compartir una canción sin tener excusa para ponerla en el blog, así que en vez de inventar argumentos peregrinos para colaros esas bonitas perlas atemporales he decidido inventar esta sección donde cabe todo.

Para la inauguración nada mejor que Lemonheads, grupo que carece de actualidad casi tanto como de futuro pero que goza de un pasado gloriosamente perfecto en términos poperos y -más aún- noventeros. La esencia estética y musical de Evan Dando y sus muchachos florece en esta maravillosa y primaveral Into your arms. ¿Por qué? Pues eso, porque sí.

Publicado en Fondo de armario, Música, Uncategorized, Vídeos porque sí | 2 comentarios

Brigitte o cómo hacer fácil lo difícil

Por lo que tengo entendido, la palabra “banal” en Francia tiene un significado parecido al del castellano pero sin el matiz peyorativo que le imprimimos aquí. Cuestión de carácter, supongo. Por ello, ¿es conveniente hablar de un grupo francés que me tiene sorbido el coco ahora mismo y comenzar el post diciendo que es un grupo banal? Pues sí… Me explico.

Lo divino y lo humano se dan la mano en Brigitte

Lo divino y lo humano se dan la mano en Brigitte.

Brigitte es una banda francesa compuesta por dos mujeres, -una rubia y una morena, cantantes ambas- tan indie como popular en su país. Si atendemos a la siempre ilustrativa y populista definición que aporta la Wikipedia sobre su música veremos las etiquetas indie-folk, indie-pop y neo soul (toma ya) pero lo que hacen en realidad es simplificar a la vista lo completo al oído, hacer fácil lo difícil.

La cuestión de la banalidad que expresaba al inicio no reside tanto en su música como en su directo, epidérmico y excelso a partes iguales. El viernes pasado estuvieron actuando en el coqueto teatro de la sede madrileña del Institut Français y me dejaron impresionado por lo maravillosamente bien que funciona su propuesta, por su superficialidad aparente que deviene en un catálogo enorme de matices con profundo arraigo en la música de su país y, si me apuras, en la canción popular de las últimas cuatro o cinco décadas.

Si atendemos a su directo por el lado banal nos encontramos con una pareja de treintañeras seductoras con vestido largo de noche -burbujas de Freixenet versión plateada- secundadas por tres tipos que aparecen disfrazados como Alex y sus drugos en La Naranja Mecánica. Lo teatral del asunto no queda ahí: la pareja de moda del pop francés aparece de primeras con unas túnicas (terribles) de las que se desprenden para comenzar con sus bailes porque sí, cada canción tiene su coreografía más o menos ensayada. No son Shakira o Madonna, pero cada tema tiene su baile particular en el que sensualidad, cliché y buen gusto se dan la mano y donde muestran una complicidad que de primeras no parece que vaya a asomar entre dos chicas aparentemente tan dispares.

Cada una a su estilo, Sylvie Hoarau y Aurélie Saada, que así se llaman ellas, bailan lo mejor que saben mostrando personalidad, carisma y seguridad en su cancionero, porque las canciones se imponen siempre y la parte meramente vocal no se resiente en absoluto; como las divas francesas de siempre. Así, su repertorio se va completando entre bromas con el público y el concierto fluye como agua entre las manos, sin más pretenciosidad que la estrictamente necesaria en cualquier artista que se precie de serlo, ni extravagancias con coartada de modernidad.

BrigittePero vayamos a la parte seria del asunto, porque yo no me fiaba un pelo al principio de estas dos. Cada uno tiene sus cosas y yo -purista y un tanto altivo en esto- suelo desconfiar de la puesta en escena cuando se sobrepasan ciertos límites. Según mi experiencia, cuando una banda va más allá de la típica pantalla o de una lona de fondo suele ser para enmascarar su falta de talento o su mal momento en escena. Sobre todo en el indie. Sí, suena a imbecilidad, pero me pasa: ya se encargan los conciertos de quitarme la razón. Cuando vi a Brigitte aparecer en escena me temí lo peor, pero nada más lejos de la realidad. En primer lugar sus instrumentistas rayan a una altura espectacular, especialmente el baterista, percusionista y hombre para todo Greg Maume. Sus grabaciones gozan de una versatilidad y una riqueza instrumental enorme y el paso al escenario no las empeora en absoluto, una tarea aún más difícil dado el número de giros que cada tema termina teniendo.

Y es que puede empezar una canción sonando a The Kills o The Ting Tings y terminar en el funky más amerciano que imaginemos (Oh la la) o llevar el single que abre su debut (Battez-vous), por la senda del pop sinuoso y misterioso de los 60 para explotarlo después de manera festiva, desinhibida y actual. En sus canciones hay todo lo que dice la wikipedia y más: chansón, música surf, croonnerismo americano, hip-hop, folk… todo ello en su justa dosis, enriqueciendo el sonido de su visual propuesta y haciendo que quienes vean en ellas un grupo de radiofórmula no pierdan comba, pero enganchando a la vez a esa facción más exigente que quiere escuchar un disco en su casa múltiples veces y no cansarse a la segunda escucha de buscar las canciones buenas.

Resumiendo, un concierto inolvidable. Comercial y facilón pero tan disfrutable, enriquecedor, divertido y plagado de calidad que te hace pensar en lo difícil que es hacer fácil lo difícil, hacer sencillo lo bueno.

De postre dos vídeos: un fastuoso directo en una entrega de premios (ganaron uno) y un videoclip donde hacen de chicas malas y divertidas a la par. Si estás leyendo esto y lo escuchas y te gusta, difunde el post entre tus amigos y harás más feliz quien no conozca esta delicatessen del país vecino llamada Brigitte.

Agradecimientos a Cris por ser tan francesa, al Institut Français por tratarnos tan bien y a Linda Mirada por intentarlo…

Publicado en Música, Premios, Uncategorized | Etiquetado , | 3 comentarios

La (gozosa) vuelta al redil de Lori Meyers

Tras firmar en sus comienzos dos primeros álbumes magníficos, distintos en las formas pero iguales en su vitalista ímpetu juvenil, descaro, atrevimiento e inspiración, la carrera de Lori Meyers comenzó a crecer como la espuma comercialmente y sus resultados discográficos a bajar como las acciones de Bankia. Pero vayamos por partes…

En “Viaje de estudios” (2004), su debut, nos topamos con una banda con ganas de comerse el mundo sin masticarlo, tomando a Los Planetas como sancta sanctorum y colando Tokyo ya no nos quiere como una de las canciones de la década pasada por derecho propio. Hits a tutiplén, guitarras afiladas y Noni y compañía emulando con actitud a sus héroes de los noventa (esa voz a lo Damon Albarn…).

Con Hostal Pimodán (2005) dan un paso al frente y mantienen el tino en la melodía ampliando el abanico sonoro con acierto y clase: siguen ahí los pildorazos de power pop de sábado noche (La pequeña muerte, Dilema) pero se dejan empapar por el pop de los sesenta, siendo un enorme paso adelante y consolidando un sonido que empieza a adquirir nuevos matices afianzando su personalidad en las composiciones, más atemporales que nunca.

El savoir faire de Lori Meyers

El savoir faire de Lori Meyers.

En “Cronolánea” (2008), su tercer álbum, suenan más sofisticados aún, y más americanos, adultos e irregulares, incluyendo Luces de Neón, quizás su mejor canción y también algunas de las más flojas editadas hasta la fecha. A pesar de que no es un disco más fácil o más radiable que “Hostal Pimodan” -aunque sí netamente inferior-, “Cronolánea” les descubre a un público más amplio y les consolida en la primera fila del panorama nacional.

Doblando la apuesta “Cuando el destino nos alcance” (2010) les otorga su actual estatus de estrellas nacionales, con llenos garantizados allí donde van y comandando festivales, defendiendo por toda España el repertorio más pobre que han mostrado hasta hoy, pagando así el patinazo discográfico en sus setlist. Este cuarto disco suena innovador pero equivocado, valiente aunque temerario, ostentoso y vacío por igual. Una reinvención en absoluto necesaria que los conecta de pleno con el estrato más juvenil del indie patrio –aquelllos que también adoran a Vetusta Morla- mientras que los aleja de sus seguidores más veteranos.

Sobre el escenario, a pesar de estar en su momento más bajo en cuanto a canciones, alcanzan una solidez a prueba de bombas y la influencia de Golpes Bajos en la voz se hace evidente y mantenida hasta ahora. Prueba de esta seguridad ganada sobre las tablas fue su bendita locura de tocar cuatro noches seguidas en Joy Eslava interpretando su discografía al completo a razón de un álbum (más extras) por jornada: olé sus huevos. Yo estuve en la primera noche, la de Viaje de estudios, y aquello sonó a gloria.

Con todo esto y tras tres años sin material nuevo esperaba con expectación limitada aunque curiosa este “Impronta” (2013) que ahora nos ocupa. Y desde la primera escucha ya vemos que los granadinos han vuelto al redil. No suenan como al principio de su carrera, porque de hecho nunca se han repetido, pero se alejan -salvo en un par de temas- de la electrónica cutre que tan poco me gusta, retornando al camino del pop clásico en su vertiente más actual.

El arranque del álbum es sencillamente demoledor, con unos cinco primeros temas que son singles en potencia. Lo bueno es que pasado este climax inicial el resto del disco apenas te invita a dar al skip. Brillan las canciones sobre el sonido porque, al fin y al cabo, el pop trata muchas veces de eso, sólo de canciones y esta gente las hace como muy poquitos pueden. El vaivén emocional en el que la banda ha declarado encontrase durante la gestación de este “Impronta” parece haberles venido bien y en vez de embajonar les ha puesto las pilas. Así las cosas, da gusto decir que los mejores Lori Meyers han vuelto, aquellos que hace ya diez años nos enamoraron con sus neuronas de viaje de estudios y un primer ep inspirador. Como muestra, un botón en forma de “Zen”, resumen y punta de lanza del inspirado “Impronta”. A ver si comienzan pronto la gira, que ya hay ganas de verles de nuevo.

Publicado en Música | Etiquetado , , , | 2 comentarios

Madrid se mueve

Últimamente ando escribiendo menos posts, es cierto. Una de las razones es que en las últimas semanas he andado viendo conciertos por la capital, aprovechando la suerte que supone para un aficionado a la música vivir en Madrid, una de las ciudades más estimulantes (si no la que más) de Europa en este sentido -y varios más-. Como si de una crónica festivalera se tratara, y sin orden ni concierto (bueno, concierto sí), voy a contaros en pocas líneas qué se cuece en esta maravillosa ciudad que nunca deja de sonar.

Empiezo con Yo la tengo, que me aburren y maravillan a la vez y, según tenga el día, los pongo en un altar o los considero sobrevaloradísimos. En sus discos pasan sin término medio de una canción abrumadora a un tostón insoportable y en directo tres cuartos de lo mismo. Durante las casi tres horas que duró su concierto en La Riviera tocaron el cielo y se desplomaron unas cuantas veces. Con sus luces y sombras hicieron lo que se esperaba de ellos. Eso sí, una pena la coincidencia con el Madrid en Champions, que restó concurrencia al evento.

La reinvención total de La Bien Querida le sienta la mar de bien a la bilbaína. Contando sólo con el apoyo de David Rodríguez y Frank Rudow, su nuevo sonido cercano al kraut logra que sus canciones pasadas suenen nuevas –algunas mejor que otras- y la nuevas suenen a gloria. Cada vez más firme en su discurso y en su actitud.

Por su parte, Guadalupe Plata son una de las sensaciones nacionales del momento pero, al menos para mí, tienen aún bastante que mejorar sobre el escenario para llegar a las excelencias de su sonido en estudio. Aún así, su directo tiene fuerza, pegada y los de Úbeda le ponen ganas. Y llenaron dos días consecutivos la sala El Sol, que no es fácil para un grupo tan minoritario.

A Beach House les viene pasando lo que a The XX: su música es maravillosa y sus canciones complejas, profundas y rotundas, pero el directo no es su sitio natural. Mientras los ingleses, a quienes vimos hace unos meses, tiraron hacia la electrónica hinchada para animar su puesta en escena, los americanos optan por recrearse en el detalle, con un sonido limpio, minimalista sin forzar, con empaque y quietud, y eso en una Riviera con lleno de no hay billetes sonó a gloria, tirando casi exclusivamente de sus dos últimos y reconocidos “Teen Dream” y “Bloom”. Y es que cuando suena Myth, te olvidas de todo.

Los canadienses Crystal Castles molaron pero, salvo en momentos puntuales, les costó encontrar el punto. Quienes les ha visto más veces hablan de decepción. Para mí, que fue la segunda, estuvo bien pero sin exagerar. Eso sí, su propuesta es tan curiosa que siempre vale al pena verlos. Sabes que algo va a pasar en cualquier momento.

Hablando de propuestas, para acercarse a la de Hielo en Varsovia hay que ser un iniciado en esto, ya que no es easy listening precisamente… Sin embargo, en su concierto de la sala Sol el heterogéneo respetable degustó sin medias tintas sus bofetadas sonoras, su grito de rabia, su forma de tensar la cuerda hasta el límite sin llegar a romperla. Siguen creciendo a pasos agigantados en cada concierto.

Por su parte, los madrileños Pablito debutaron sobre las tablas de la Nasti ante una platea sorprendentemente concurrida. Su sinuoso folk sonó rico en detalles, trabajado, complejo sin ser complicado y nos dejaron con ganas de más. Un acierto rotundo fue finalizar su concierto revisitando “El Venao” de un modo tan sorprendente como enriquecedor. Larga vida a Pablito.

Publicado en Fondo de armario, Música | Etiquetado , , | 2 comentarios